El América, U2 y una promesa de campaña

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Si un extraterrestre pasara esta semana por el Estadio Azteca (al menos un extraterrestre que no lea periódicos ni vea televisión ni navegue por internet), pensaría que el América sigue con vida tanto en la liga como en la Libertadores y que, mejor aún, U2 toca en el mediotiempo para mantener entretenidos a los aficionados.

El extraterrestre, todos lo sabemos, estaría equivocado. Las águilas, pese a la conmovedora escena de su técnico Reinoso, con amenaza de lágrimas incluida, cuando derrotaron a Pumas en CU, no siguen con vida en el torneo mexicano y tampoco en la Libertadores. No llegaron muy lejos ni en uno ni en otro. Mucho menos tienen a U2 para amenizar el entretiempo.  

Lo que sí ocurrió es que, muy rápido, el tiempo puso al equipo de Coapa en su lugar. No tenía plantel ni talento para afrontar ambos torneos y tampoco tenía estadio para vender un poco más cara su derrota. Además de tener que resignarse a jugadores de escaso rendimiento como el Rolfi Montenegro, el Topo Valenzuela y Enrique Esqueda (la hilarante amenaza del Chicharito), los americanistas deben soportar a un presidente como Michel Bauer que ni siquiera puede garantizar que el equipo tendrá el Azteca cuando más lo necesita. Cuando llegó el momento crucial en ambos torneos, el América tuvo que hacer maletas e ir a pedir posada como vagabundo a la Corregidora.

Por lo ocurrido con el equipo de Coapa en una sola semana, podría deducirse que a sus dueños no les importa que jugadores como Montenegro, Valezuela y Esqueda vistan la playera amarilla, que prefieren ver a Bono en el Azteca y que no les interesa seguir haciendo el ridículo con un tipo como Bauer que, evidentemente, de futbol no sabe gran cosa.

Porque una cosa es hacer televisión para jodidos y otra, hacer futbol para jodidos. En la televisión, el Vítor y Pepe Origel bastan para tener buen rating en la subcultura del tercermundismo, pero en el deporte, la alineación de Reinoso no alcanza para evitar ridículos nacionales e internacionales, mucho menos para lograr campeonatos.

Como a los dueños les importa un comino el equipo, propongo que si Marcelo Ebrard tiene aspiraciones presidenciales, se comprometa con el electorado –con el electorado azulcrema- a declarar personas non gratas en la Ciudad del México a por lo menos la mitad del plantel americanista, incluyendo a los directivos.

Esa promesa de campaña seguro le acarrearía una buena cantidad de votos, muchos más que si otro candidato ofreciera que la banda irlandesa –con Joan Sebastian de pilón- tocara en el mediotiempo en el Azteca.

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