Ecos Super Bowl XLIX: Inolvidable Triunfo Patriota

 Ecos Super  Bowl  XLIX: Inolvidable  Triunfo  Patriota

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Con increíble final, intermedio impactante y espectáculo impresionante, el Super Bowl XLIX será recordado por múltiples detalles y por ubicar como la dinastía de nuestra era a los Patriotas de Nueva Inglaterra, que vencieron por 28-24 a unos aguerridos Halcones Marinos de Seattle.

Daniel Velázquez Ramírez

Segundo y gol en la yarda uno. Anotar significa ser ganador del trofeo Vince Lombardi como campeón de la NFL de la temporada 2014. Restan únicamente 20 segundos. Seattle cuenta con Marshawn Lynch, un corredor pesado famoso por ser casi imposible de detener y que ya recorrió cinco yardas en la jugada anterior. La estrategia usual del entrenador en jefe Pete Carroll es agresiva, combinando carreras con pases y ya había tenido éxito arriesgándose al final de la primera mitad cuando su equipo logró el empate a 14 puntos. Tiempo fuera para detener el reloj y decidir la jugada. De nueve situaciones semejantes en la temporada habían escogido correr en siete; esta vez la propuesta del coordinador ofensivo Derrelle Bevell fue el pase "slant", rápido hacia el centro del lado del brazo del pasador. Carroll y el mariscal Russell Wilson asienten y escogen como receptor principal a Ricardo Lockette, usando como engaño al estelar Doug Baldwin.

Por el lado de los Patriotas, angustia y desesperación. La ofensiva rival de los últimos dos minutos había recorrido ya 79 yardas. Las dos jugadas previas parecían presagiar una tercera derrota consecutiva en el Super Bowl: primero una atrapada increíble de Jermaine Kearse, rescatando un balón desviado por la doble cobertura y que el receptor rescató acrobáticamente, incluso evitando con el pie que tocara el piso; luego, el "Modo Bestia" de los Halcones Marinos arrastró defensivos en una corrida tras el tacle izquierdo y dejó el balón a una yarda de la línea de gol. Toda la temporada en riesgo en la siguiente jugada. La estrategia fue alinear ocho hombres tratando de cerrar los huecos y dejar a tres defensivos profundos marcando personal a los receptores, presionar de inmediato y provocar el error.

Equipos alineados. Wilson grita las señales y se retrasa cuatro yardas: ¡formación escopeta! El balón es centrado por Max Unger; Russell dispara hacia Lockette y ...se atraviesa el defensivo novato Malcolm Butler, intercepta y todavía trata de correr, quedando nuevamente en la yarda uno para dar un giro extraordinario al final del partido pero todavía dejando una brizna de esperanza para los azul-verdes de la Conferencia Nacional . Un eufórico Tom Brady usa el conteo para provocar la proverbial impaciencia del agresivo liniero defensivo Michael Bennett: off-side, cinco yardas de avance para Nueva Inglaterra, espacio suficiente para hincarse y acabar con el Super Bowl más emocionante de los últimos tiempos y el evento televisivo más visto de la historia.
La NFL nos vuelve a atrapar con el producto supremo del deporte: el ajedrez físico ejecutado por los atletas más completos del orbe, competitividad, emoción, espectáculo y hasta comercialización en grado superlativo. Adiós a los errores arbitrales, a la doble moral de la liga, a los problemas familiares de los jugadores, a la politiquería que requiere el tope salarial. El juego ha vuelto: dos escuadras con alta estrategia, golpeo efectivo, ejecución de alto nivel y su humana dosis de errores y creatividad nos regalaron un recuerdo indeleble para la historia deportiva. Es la noche del 1 de febrero en Arizona, pero seguiremos gozando mucho tiempo más de un Super Bowl singular.

Primera mitad de dominio alterno

Luego de la formal presentación del partido y el previsto análisis estratégico, Patriotas y Halcones Marinos actuaron según lo esperado. Nueva Inglaterra estableció un dominio del tiempo de posesión con base en pases cortos. La sorpresa era que estaban desconcertando a los apoyadores de Seattle con rutas cruzadas e intentando que los receptores salieran desde el backfield, además de responder físicamente al poderío de los Halcones Marinos. Tom Brady inició el camino hacia una nueva marca en el gran juego de 37 pases completos, aunque el más largo fue de únicamente 23 yardas. En el primer cuarto los Patriotas tuvieron una serie de seis jugadas y otra de 13, en la cual consumieron la mitad del período y llegaron hasta la zona roja, pero fueron detenidos debido a una intercepción de Jeremy Lane quien, al ser tacleado con un fuerte impacto a las rodillas, cae mal y se fractura la muñeca izquierda. Debe ser sustituido por Tharold Simon, que será continuamente retado en el partido, evitando lanzar a las coberturas de Richard Sherman, Kam Chancellor y Earl Thomas. Luego se sabría que los tres jugadores pilares de la Legión del Boom jugaron lastimados. Los Patriotas iniciaban una labor de demolición al tener mucho tiempo en el terreno a la poderosa defensiva de Seattle.

En el segundo cuarto Nueva Inglaterra logra concretar el dominio mostrado, recorre 65 yardas en 4 minutos y culmina con el primero de cuatro pases de anotación que tendría Tom Brady en el partido. 7-0 con recepción de 11 yardas de Brandon LaFell. Luego de intercambiar ofensivas infructuosas, los Halcones Marinos empiezan a dominar la línea, avanzando especialmente por la vía terrestre con carreras del pasador Russell Wilson y de Marshawn Lynch, el Modo Bestia que empieza a acumular yardas que lo llevarían a alcanzar la icónica cifra de 100 yardas para el final del partido. Precisamente un acarreo de 3 yardas de Lynch provoca el primer empate: 7-7.
Con un poco más de dos minutos por jugar en el primer medio, Brady vuelve a conducir a su ofensiva avanzando 80 yardas en 8 jugadas, anotando con pase perfecto de 22 yardas hacia el poderoso Rob Gronkowski, que no alcanzó a ser cubierto por el apoyador K J Wrigth: 14-7, dejando apenas 31 segundos en el reloj de juego. Los Halcones Marinos aceptan el reto de iniciar desde su yarda 20 y no hincarse, intentando pases que culminan con uno de 11 yardas a Chris Matthews en la zona de anotación; el receptor llegado de los 49ers luce como la clave del juego aéreo de Seattle en el partido, mientras los defensivos Darrelle Revis, Brandon Browner y Kyle Arington cubrían a los elusivos Jermaine Kearse, Doug Baldwin y Ricardo Lockette. 14-14 para ir al largo descanso que acompaña al Super Bowl.

Katy Perry en el medio tiempo

12 minutos de un espectáculo que trata de ser tan impactante como el juego mismo: imposible. Katy Perry saltó de su origen de cantante religiosa a estrella pop y se presentó con una producción multicolor y de alta tecnología, con toda la secuencia de éxitos del Prismatour. Inició el gigantesco león mecánico que recorrió el campo con la bella en su lomo y luego desapareció de inmediato mientras ella interpretaba Roar. Al ritmo de Darkhorse el campo se tornó en un brillante tablero de ajedrez. Apareció Lenny Kravitz y acompañó a Katy en I kissed a girl. Vinieron luego las botargas, los anunciados tiburones incluidos, para apoyar las interpretaciones de Teenage dream y California girls, apareciendo la sorpresa de la noche, la legendaria Missy Elliot interpretando Work. Luego del cuarto cambio de vestuario, Perry se montó en una estrella fugaz y voló por encima de todo el emparrillado mientras despedía el espectáculo con la famosa Firework. Si ya presumía de 65 millones de seguidores en las redes sociales, ahora la californiana puede enmarcar la cifra de 118 millones de televidentes para su show.

Segunda mitad con dos caras

El tercer cuarto, el tradicional de los grandes equipos, se caracterizó por el dominio de los Halcones Marinos. Desde el volado inicial Seattle ganó y prefirió recibir el balón al iniciar la segunda parte. Desde su yarda 20 avanzaron 72 en siete jugadas, pero la defensiva de Nueva Inglaterra apretó en el momento más importante, incluso deteniendo a Lynch para impedir que lograra otro primero y diez. El resultado fue un intento exitoso de gol de campo del pateador Steven Hauschka de 27 yardas totales. Seattle tomaba la ventaja por primera vez en el partido: 17-14.

Nueva Inglaterra intenta responder y logra un primero y diez, pero Brady es interceptado por segunda vez en el partido, ahora buscando a Rob Gronkowski; el apoyador estelar Bobby Wagner hace la gran jugada que parecía quebrantar el espíritu de los Patriotas. Seattle, sin embargo, sufre una pérdida que limita su dominio en la línea y la presión sobre Tom Brady para el resto del partido: Cliff Avril resulta conmocionado y no juega más.

Russell Wilson conduce la ofensiva de los Halcones Marinos y recorre 50 yardas en 6 jugadas: anotación con pase de tres yardas a Doug Baldwin, cuando se esperaba carrera y con el dato curioso que un oficial ayuda en la pantalla al estorbar al defensivo Brandon Browner: 24-14. Parece que el golpeo está dando los frutos deseados por Seattle: 10 puntos es una ventaja que históricamente ha sido definitiva al llegar al último cuarto.

Los últimos quince minutos marcan la resurrección de un equipo que se niega a caer. Patriotas detiene en dos ocasiones seguidas a Seattle en tres jugadas, usando una defensiva de presión a los receptores y cubriendo los huecos para limitar los avances en las carreras. La ofensiva logra dos series formidables: la primera de 9 jugadas para recorrer 68 yardas y anotar por medio de un pase milimétrico de Brady a Danny Amendola en el fondo de la zona de gol. 24-21. La segunda recorre 64 yardas en 10 jugadas y culmina con un pase de 3 yardas al receptor Julian Edelman, venciendo nuevamente la cobertura de Simon con un giro: 28-24 para Patriotas. Quedaban 2 minutos de tiempo de juego en el reloj. La épica da paso a la tragedia y Seattle no concreta el regreso final.

Una dinastía muy discutida

Tom Brady fue electo el Jugador Más Valioso y su mancuerna con el coach Bill Bellichick se ha convertido en la dupla más exitosa los últimos tres lustros. Estadísticamente tienen logros comparables a los Cowboys de Landry- Staubach, a los de Jimmy Johnson y los "Triates" Aikman-Irving-Smith, a los Acereros de Noll y Bradshaw y a los 49ers de Walsh-Montana. Con marca de 4-2 en Super Bowls en 13 años, establecen un palmarés muy difícil de igualar, especialmente cuando la política de la liga ha sido fomentar la paridad a través de la agencia libre y el tope salarial. De hecho, el mariscal con cuatro anillos de campeón de la NFL tiene un sueldo anual de 8 millones de dólares, nada despreciable pero en el rango de la mitad de los mejor pagados, como Tony Romo, que no ha tenido equipo suficiente ni para llegar a un Super Bowl.

Los jugadores de los Patriotas hablan maravillas del amable y carismático dueño Robert Kraft, capaz de hacerlos sentir en familia, ampliamente comprometidos con los objetivos deportivos de la institución sin otorgarles sueldos estratosféricos. Eso ha permitido tener muchos jugadores de calidad y el margen suficiente para probar estrellas potenciales, incluso desechos de otros equipos, que suelen resurgir bajo el famoso yugo de un entrenador con cara agria, apariencia de emperador maloso de Star Wars y que se enorgullece de hacer entrenar a su equipo en condiciones difíciles para que el partido se les haga cómodo. Las manchas de los logros de los Patriotas provienen de su obsesión por ganar, que a veces los lleva a jugar al filo del reglamento. Aprovechan al máximo los ajustes anuales a las reglas, pero eso es una habilidad desarrollada con trabajo; provocan cambios de reglas, como la del movimiento del brazo hacia delante de Brady en aquella jugada en la nieve ante los Raiders; fueron sorprendidos y castigados por hacer observaciones tan específicas y tecnificadas de los rivales que fueron consideradas trampas; ahora festejan mientras sus críticos recuerdan, aun sin evidencia contundente, que el laureado pasador prefiere jugar con balones un poco desinflados, supuestamente para evitar balones sueltos de corredores y receptores. Parece demasiada novela policiaca para demeritar logros evidentes. De hecho llegaban al Super Bowl XLIX después de haber sido vencidos en las ediciones XLII y XLVI, ambas ocasiones por los Gigantes de Nueva York del coach Tom Coughlin usando esquemas de futbol básico y ayudados por recepciones extraordinarias que prepararon volteretas sorprendentes; los Ravens son una franquicia exitosa ante Nueva Inglaterra, incluso como visitantes, cuando consolidan su rudo estilo defensivo y el pasador Joe Flacco se luce en el juego aéreo. El punto es que los Patriotas no son invencibles, pero luchan con inteligencia para ganar. El entrenador Bellichick dice que esta temporada ajustó al equipo en la semana 4 ante Kansas City; los Jefes acumularon buena ventaja en la primera mitad y el coach Patriota probó diversos jugadores en posiciones donde tenía dudas y que demostraron que lucharían hasta el final sin importar el marcador, como se probó hasta la última jugada de la temporada.

El equipo de Nueva Inglaterra se construyó con buenas elecciones en el draft, recordando que Brady llegó en una sexta ronda en el año 2000 y recibió un sorpresivo apoyo de su coach cuando lo prefirió al entonces estelar Drew Bledsoe. El masivo tacle defensivo Vince Wilfork fue la primera selección en el 2004 y sigue en el equipo porque acepta cobrar el mínimo para su calidad y veteranía: 3 millones de dólares anuales. El aspecto que muestra la genialidad de la gerencia y la visión de Bellichick proviene de la llegada vía agencia libre del receptor Danny Amendola en el 2013 desechado por San Luis y, para este año de campeonato, de Brandon LaFell, que fue liberado por las Panteras, además de las impresionantes adiciones de los esquineros que transformaron el perímetro: el cerebral Darrelle Revis, proveniente de Tampa Bay y el golpeador Brandon Browner, de Seattle, que no pudo jugar el Super Bowl XLVIII por suspensión. Esa forma de contratar será la tendencia a seguir por las franquicias que quieren alcanzar el éxito.
Una jugada significó el cambio en la historia de la NFL. La decisión de Pete Carroll seguirá como referente en la mente de los aficionados, especialmente los de Seattle. La polémica, la súbita alegría de la victoria, la amargura de la implacable derrota, el impresionante ambiente que únicamente el Super Bowl puede lograr, todo será un recurrente recuerdo mientras esperamos la temporada 2015.

 

 

 

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