¿Y quién sanciona a los directivos?

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Quien tenga o haya tenido la fortuna de tener una mujer a su lado, sabrá que si una virtud las caracteriza es la paciencia. Cuando, a su peculiar juicio, uno se equivoca siempre esperan el momento idóneo para echarlo en cara. Para el ojo ordinario, las mujeres se callan sumisamente ante una calamidad, pero para la mirada educada simplemente están a la espera de explotar a la hora correcta. Nada perdonan, nada se les escapa, nada se les olvida. Su sistema podría ser utilizado para diseñar algún antivirus porque todo lo escanean. Por eso, siempre hay que andarse con cuidadito.

Francisco Ciprián   

Pero por lo visto quienes no tienen esposa que les reproche sus pecados son los directivos del futbol mexicano. Hacen y deshacen a su gusto, y no hay nadie que los meta en orden. Son capaces de la peor de las excentricidades, el peor de los arrebatos o aprobar el proyecto más chiflado y no hay nadie quien los haga entrar en cintura.

En menos de dos meses, el futbol mexicano se ha convulsionado en repetidas ocasiones, sólo porque los sujetos de pantalón largo han cometido gran cantidad de disparates. Por mucho menos que eso, amigo lector, nuestras mujeres nos han amenazado con irse a casa de su madre.

Primero aprobaron el sistema de round robin para la liguilla, que hace dos décadas fue desechado simplemente porque no funcionó. Y no funcionó porque ¿quién va a ver un juego entre dos equipos eventualmente eliminados por muy liguilla que sea? La cosa es que el calendario se ha saturado en tal forma, con miles de torneos por todo el planeta, que la liguilla mexicana ha perdido rating, y los directivos ya no saben cómo hacerle para recuperar la audiencia. Era tan mala la idea que ellos mismos la desecharon unas semanas después de aprobarla, antes de incluso ponerla en práctica. Ya es un exceso con dos liguillas al año como para todavía echarle más leña al fuego.

Después (o antes, qué más da) vino el Mundial Sub 17. ¿Quién pagó la sede para que se llevaran el torneo lejos de la capital? ¿Por qué el tricolor jugó en el Estadio Morelos (un escenario bastante feíto comparado con los de Alemania, donde se juega el Mundial femenil)? Van dos Mundiales de mayores que organiza México y a los directivos siempre les fallaron los cálculos sacando a la selección del Estadio Azteca, donde indudablemente siempre ha tenido una ventaja adicional. Esta vez, la apuesta fue aún más descabellada, de plano esperarla en el Azteca para la final. Sólo los jugadores podrán salvar las locuras de los directivos.

Más vergonzosa, aunque siempre mantenido en el sigilo, fue la venta de boletos. Por compromisos y acuerdo con FIFA, las entradas deben ser puestas al público en una fecha convenida y en un sistema aprobado por el organismo, que en este caso fue Tickemaster. Curiosamente, el sistema ofreció los boletos, pero nunca los tuvo disponibles. Tickemaster jamás vendió un solo boleto del Mundial Sub 17 de ninguna sede, al menos por internet, pese a que así estaba estipulado. Todavía se puede ingresar al sitio tickemaster.com.mx para ver que la venta de boletos no fue más que una farsa. ¿Qué mafia se quedó con los boletos que ahora se cotizan en 500 pesos en reventa para el México-Panamá de octavos de final en Pachuca?

Y por último, pero no por ello menos importante, los escándalos de la selección mayor, dignos del TV Notas. Primero, cinco jugadores salieron positivos por doping al parecer por una sobredosis de bisteces. "Hicimos las cosas bien. Es más, las hicimos demasiado bien", declaró Justino Compeán, presidente de la FMF, entrevistado por Joaquín López-Dóriga en su noticiario nocturno televisivo al referirse a la divulgación pública de los resultados, que derivó en la separación del plantel de los futbolistas involucrados. ¿En qué universo, en qué planeta o en qué federación hacer las "cosas bien" significa llevar a cinco jugadores dopados ya sea por clembuterol, mariguana o Resistol 5000? Por fortuna, los jugadores salvaron a sus directivos del ridículo ganando el torneo.

Para rematar, otros cinco seleccionados, esta vez de la sub 22 que jugará la Copa América, perdieron hasta la ropa interior cuando sus habitaciones fueron vaciadas mientras ellos jugaban un partido de preparación ante Ecuador en Quito. Los desvalijaron bien y bonito. A los ladrones sólo es faltó llevarse las toallas y el papel del baño. Como era de esperar, los jugadores denunciaron los hechos, pero no contaban con que los habían cachado metiendo chicas muy seguramente de dudosa reputación a sus habitaciones. En pocas palabras, el gerente se lavó las manos aduciendo que los jugadores habían metido sexoservidoras. Los futbolistas no recuperaron sus cosas (celulares, laptops, ipads, ipods, dinero, etc) pero sí fueron separados del plantel al llegar a Argentina. Entonces salen a colación, una vez más, los directivos. Cierto que por muy sub 22 ya están grandecitos, pero no queda muy claro si en verdad son advertidos sobre la conducta que deben mantener en las concentraciones. No hay que olvidar que los muchachos llevan semanas con la selección y vienen de un torneo largo con sus clubes. No es excusa pero los muchachos sólo querían un poco de diversión con esas chicas que, a juzgar por las fotos, deben ser colombianas. Desde cuándo un futbolista, seleccionado o no, debe entregarse al celibato. No me digan que los directivos o seleccionadores nunca han solicitado los servicios de una chamacona durante un torneo oficial. No se entiende por qué siempre los culpables son los jugadores, por qué ningún directivo es sancionado jamás, por qué los responsables son todos menos ellos, por qué sus esposas no les reclaman por todas sus locuras y por un futbol mediocre (en el mejor de los casos) que en realidad nunca ha ganado nada.

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