Cuba y la limosna de Hugo Chávez

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Por Félix Luis Viera

La enfermedad del mandatario venezolano Hugo Chávez preocupa sobre todo a la dictadura existente en Cuba: sin el apoyo que, de amigo a amigo, envía Chávez a su mentor cubano, la revolución particular de Fidel Castro (no menciono a su hermano Raúl, puesto que éste no es más que eso: el hermano obediente) ya hubiese desaparecido.    

Hugo Chávez envía a Cuba un promedio de 115 mil barriles de petróleo diariamente—un tercio del consumo total de la Isla—, lo que en 2009 representó el 30 por ciento de las importaciones del país antillano. El comercio bilateral entre ambas naciones se valoró en 3,100 millones de dólares en 2010. Caracas registra como "pagadas" las facturas del petróleo enviado a Cuba a cambio de la asistencia que recibe del régimen castrista: se calculan 600 mil cubanos en Venezuela, que incluyen un personal médico de más de 40 mil, amén de los maestros, asesores militares y de inteligencia, así como entrenadores deportivos. ¿Estaría dispuesto el posible sucesor de Hugo Chávez a erogar los 3,500 millones de dólares previstos por éste para "ayudar" al mantenimiento del castrismo en Cuba durante el presente año?

Poco después de tomar el poder en 1959, Fidel Castro le aseguró al pueblo que dentro de 10 años Cuba tendría el mismo nivel de vida —por ejemplo, dijo— que Suecia. En algunos de sus discursos, a principios de la década de 1970, anunció que próximamente los cubanos podrían contar con "lagunas de leche" y preguntó desde su tribuna "¿cuántas libras de arroz quieren?". Durante los años siguientes convocó al pueblo a sacrificarse "en aras del porvenir": la consigna sería invertir para el desarrollo, no para incrementar el consumo de la población.

A principios de la década de 1990, cuando la desaparición de la Unión Soviética era inminente, declaró lo que cínicamente llamó "Período Especial"; hasta hoy, la etapa de más penurias que haya conocido el pueblo de Cuba; al extremo de que —soy testigo— ciertas aves carroñeras se convirtieron en aves de presa. De acuerdo con analistas rusos, la extinta Unión Soviética subsidió a la dictadura castrista con más de 25 millones de dólares diarios durante dos decenios y medio.

A comienzos de este siglo, Venezuela se convirtió en el suplente de la desaparecida Unión Soviética en cuanto a mantener al régimen castrista en terapia intensiva; o, dicho de otra manera, a alargar la vida de un cadáver.

El cadáver que ya es el comunismo castrista sobrevivirá hasta el día en que el pueblo venezolano, o el gobernante que fuere, decidan retirarle la respiración artificial.

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