Imploraban agua entre  escombros; sus patrones preferían rescatar máquinas

Imploraban agua entre escombros; sus patrones preferían rescatar máquinas

CIUDAD DE MÉXICO, a 19 de septiembre 2019 (PERIODISMOENACCION.COM / AMPRYT).- Un edificio totalmente derrumbado,  gente corriendo de un lado a otro mientras el humo envolvía al hotel Regis fue lo primero que vio Daniel Ramírez Enriques, costurero desde hace 58 años y presidente de la Asociación Civil de Costureras y Costureros, al salir de la estación del Metro Bellas Artes la mañana del 19 de septiembre de 1985.

En el momento en que ocurrió el terremoto, trabajaba en un taller ubicado en el Eje Central Lázaro Cárdenas y Donceles, pero logró salvar la vida gracias a que su hora de entrada era a las ocho de la mañana.

Sin dudarlo corrió a San Antonio Abad y a República de Honduras donde laboraban sus hermanas también como costureras, sin embargo el patrón quería que siguieran laborando.

“Lo que pasa es que dejaban cerrado, encerraban a las empleadas que trabajaban en la madrugada, algunas salieron como pudieron, pero muy pocas se salvaron”, recuerda el señor Daniel mientras sus compañeros alrededor tratan de recuperar todavía lo que les arrebató el terremoto, dejando sus enseñanzas a otras personas que desean aprender el oficio y por ello acuden al Centro de Capacitación Laboral y Educación Integral Costureras y Costureros 19 de Septiembre, AC.

“¡Agua, por favor! ¡Agua!” Se escuchaba entre los escombros, pero los patrones en lugar de ayudar a los empleados, en su gran mayoría mujeres, preferían rescatar las máquinas y las telas, según revela Ramírez Enriques en su testimonio.

Se calcula que aproximadamente mil 600 empleados fallecieron y 800 talleres quedaron destruidos a consecuencia del sismo de 8.5 grados en escala de Richter.

“A muchas costureras las empezaron a sacar a los quince días porque se fueron con los que tenían el dinero, al hotel Regis… aquí nos ayudó el pueblo, la gente rascaba con las manos, con las uñas, nosotros también. Se oían voces, se oían voces de muchas compañeras y se pudieron sacar muchas vivas”.

A pesar de la adversidad, el último compañero salió después de 30 días gracias a que muchos compañeros se opusieron a las indicaciones del Ejército que ya no los dejaba entrar al área de desastre.

“Vino el Ejército y empezaron a no dejar a la gente que ayudara a sacar piedras como pudiera, con palas, con todo porque se oían voces, pero el Ejército lo impedía… los patrones lo que hicieron, los que pudieron, era sacar la maquinaria y la tela, hasta la aventaban, trajeron gente para sacarla. Eso sí les daba permiso el Ejército a sacar las telas y todo y a la gente no, en lugar de salvarla, porque se oían voces todavía por ahí, no, nada”, recuerda.

En el edificio ubicado en la calle Manuel José Othón número 160, que antes del terremoto se constituía de 8 pisos, muchos trabajadores quedaron atrapados en el elevador asfixiadas.

Adriana Rodríguez

Fotos: Cortesía Asociación Civil de Costureras y Costureros

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